Sabina Melchiori publicará un libro sobre las papeleras en Fray Bentos

La Licenciada en Periodismo, graduada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y de la Educación (FCCyE) de UCU publicará su primer libro denominado Babel. La publicación estará a cargo del Espacio Editorial de la Universidad.

En su obra narra cómo las palabras y los sentidos enfrentaron a dos pueblos hermanados por el río Uruguay. Nunca las costas entrerriana y uruguaya estuvieron tan alejadas como a partir de 2003. Se trata de una construcción mediática del conflicto por las papeleras", un libro basado en su tesina de la Licenciatura en Periodismo de UCU.

Según narra la periodista de canal 9 Litoral, hace diez años los orilleros del último tramo del río Uruguay estaban viviendo los meses más álgidos de un conflicto inédito, suscitado a raíz de la instalación de fábricas de pasta de celulosa. Antes la gente era amiga, se visita, organizn torneos deportivos, encuentros culturales, vacaciones, se hacían de novio, íban y venían por el Puente Internacional General San Martín que era, efectivamente, una proyección de cada costa.

Parecía obvio que al aparecer el inversor finlandés prometiendo el oro y el moro y el papel se iban a oponer juntos; sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Cada orilla gestó un discurso propio alimentado por las mismas voces y cada vez fue haciéndose más difícil comprender el discurso de enfrente. Donde unos veían un seis, los otros veían un nueve.

Según el relato de la torre de Babel, la dificultad para comprenderse frustró la construcción de una inmensa torre mediante la cual los hombres pretendían llegar al cielo, porque ningún proyecto colectivo puede desarrollarse sin entendimiento; en este caso, resintió la relación entre los vecinos de una y otra orilla, devino la desunión, las expresiones de xenofobia, el desprecio y un conflicto social que lastimó. Y mucho.

¿Cómo pudo ser qué siendo tan parecidos, compartiendo costumbres y hablando un mismo idioma, no nos entendimos?

A este conflicto se lo ha abordado desde el punto de vista político, económico, diplomático y jurídico. En esta oportunidad, los invito a analizarlo desde el lenguaje, desde las palabras en boca de los medios y sus receptores, mediante un extracto del libro que acabo de publicar: “Babel. La construcción mediática del conflicto por las papeleras”.

Los medios de comunicación nos informan de los sucesos que sucen a diario. La gente lee el diario, encendemos la radio, abre una página web de noticias, o se detiene en un programa informativo ante el televisor porque van depositado en esos medios la confianza para conocer aquello a lo que no puede acceder directamente. Recién entonces, a partir de lo que los medios que consumimos muestran empiezan a formar en gran medida la propia opinión y toman decisiones.

Ingenuamente, muchas veces se cree que los medios dan a conocer la realidad cuando en verdad lo que publican es apenas un recorte (su recorte); que las noticias son hechos cuando no son más que su construcción y se desconoce que entre cada mañana y cada noche cientos de acontecimientos son descartados para priorizar otros.

Como parte de las llamadas rutinas productivas, los medios de información periodística no sólo recolectan y seleccionan de la realidad lo que darán a conocer, también resuelven el modo en que lo harán. Es decir, establecen el qué y el cómo, lo cual no es un hecho menor. Se trata, nada más y nada menos, que de escoger las palabras para describir el escenario social y su contexto, es la manera en la que los medios construyen (o reconstruyen para sus audiencias) la realidad. Lo dijo Roland Barthes: “…el lenguaje nunca es inocente: las palabras tienen una memoria segunda que se prolonga misteriosamente en medio de las significaciones nuevas”.

En este sentido, se invita al lector a reflexionar sobre la discursividad, por ejemplo a carga semántica que tiene “activista”, no es la misma que tiene “vecino”. Optar por una u otra, al momento de elaborar el discurso informativo, condiciona la representación que de dicho sujeto vaya a realizar el público receptor y va estableciendo así su visión de los hechos.

En cada palabra y en cada lugar asignado para cada palabra hay una elección, y en las ellas está, inevitablemente, la impronta de los sujetos porque detrás de cada palabra que ha sido dicha o escrita hay un ser humano que arrastra consigo, desde el momento en que nació, vivencias que lo han ido definiendo y posicionando en una determinada sociedad que, a su vez, reúne características que la diferencian de otras sociedades. De modo que el mensaje, además de estar condicionado por aquellos hacia quienes va dirigido ─ya que es elaborado y emitido pensando en un público determinado─, también está condicionado por quien lo emite en su doble condición de ser individual y social. Por lo tanto, un acontecimiento puede ser transformado en noticia de tantas maneras como periodistas haya en el mundo.

Quienes en Gualeguaychú elaboraron las noticias relativas al conflicto entre Uruguay y Argentina por la instalación de fábricas de pasta de celulosa en el río Uruguay, evitaron el uso de las palabras “piqueteros”, y “activistas”, para referirse a los integrantes de la Asamblea Ciudadana Ambiental, o a quienes en su apoyo participaron de las acciones en contra de las pasteras, aún cuando estas acciones implicaban interrumpir el tránsito de una ruta. En Uruguay, en cambio, fueron precisamente esas las denominaciones que más se utilizaron en los relatos periodísticos.

Mientras en Gualeguaychú se enaltecía las acciones de la Asamblea Ciudadana Ambiental con titulares heroicos como “De pie, de frente, convencidos, en paz” y los cronistas describían movilizaciones de las que participaban “hombres, mujeres y niños portando las banderas características de la lucha”; en Fray Bentos se titulaba: “Uruguay define qué hacer con los activistas violentos”. Lo que a un lado del río fue el “piquete de Arroyo Verde”, del otro fue una “resistencia civil pacífica”. Así lo entendieron tanto los comunicadores, como la generalidad de los vecinos.

Las palabras son poderosísimas, con ellas el líder persuade, el publicista vende, la curandera sana, el juez condena, el maestro educa, el sacerdote absuelve y consagra… Con palabras se escribe la historia, se legisla, se declaran guerras y matrimonios; con palabras definimos al mundo, al otro y a nosotros mismos. Y con palabras, los medios nos cuentan lo que pasó… si fueron activistas violentos, o vecinos pacíficos en defensa de la vida.

 

FUENTE: página web ahoranueve.com.ar